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sábado, 6 de septiembre de 2014

¿Tú también, Bruto, hijo mío?

Pónganse a pensar que pasaría si un día de rebeldía a nuestro planeta se le ocurriese dejar de girar de Este a Oeste... Colapsaría irremediablemente.

Una reflexión nace pasados un par de días de la muerte de Gustavito al que le dedicamos la anterior entrada. Sobre todo con el hito que representa un deceso en nuestras vidas, pero más bien, con las consecuencias morales de tal hecho.

Han desfilado variopintas opiniones acerca de la "honradez" y "veracidad" de los homenajes que medios, personas a través de las redes sociales, músicos, fans y demás le han dado a semejante personalidad pública. Pero siempre aflora del sustrato de todas una crítica hacia la intencionalidad última de tales responsos.

Básicamente, a la gente le da por el centro de las pelotas que se conmemore sin sentimiento, sin conocimiento a alguien, sea éste una persona reconocida o no. Por lo tanto, empieza el desfile de carrozas adornado con los clásicos clichés "ahora se acuerdan de él/ella", "cuando estaba tirado nadie decía nada", "su música era un aparato genital masculino", "hipócritas", etc. Pero ahora podemos pasar a lo que a mi también me produce inflamación testicular... Todo bien con que quieramos que las cosas salgan de manera consecuente con nuestro sentimiento y conocimiento de las personas, y que eso se refleje en una coherencia de vida, pero entre tanta opinión, la acción es poca.

Actos de hipocresía y de traición, en su mayor parte, no son siempre a gran escala y bien evidentes. Las traiciones son pequeñas, sutiles, diarias, a veces casi imperceptibles y otras veces involuntarias... mmmm ¿hasta qué punto, no? Los literatos son buenos presentando esto en su prosa y los poetas reniegan de ella en sus versos... A propósito, Dante nos decía:

"y para que de grado tú me quites
      las lágrimas vidriadas de mi rostro,
      sabe que luego de que el alma traiciona,
como yo hiciera, el cuerpo le es quitado
      por un demonio que después la rige,
      hasta que el tiempo suyo todo acabe."

-Infierno, Canto XXXIII, 127-132.

Ilustración de Gustave Doré para el "Cocito" de Dante
¿Y qué tiene que ver un acto de hipocresía con la traición? Conceptualmente tienen diferencias, pero de manera esencial es la misma fuerza aplicada en diferentes direcciones; la hipocresía es un acto de traición individual y la traición un acto de hipocresía hacia el prójimo. Traicionamos no cuando damos la espalda a alguien que nos tenía confianza sino que traicionamos cuando faltamos a un compromiso. Traicionar no es mentir, traicionar es mentirse... y hacerlo carne. Por eso Dante cuando nos retrata en la Divina Comedia el Infierno en su último círculo, el más cercano al prístino pecador Satanás, no lo pinta como un gran asado donde el mejor vacío y costeletas son de carne humana; al contrario, lo vio como un mar helado, el Cocito, azotado eternamente por un viento frío y congelado, del que asoman apenas las cabezas de quiénes traicionaron a sus familias, a sus amigos, al prójimo y a Dios, penando y llorando su condena en lágrimas por siempre cristalizadas. Dante da por hecho que peor que matar, robar, falsear, ser un hereje o adular es traicionar. Cuando le decimos a un amigo que vamos a ir a su fiesta y no le avisamos luego que vamos a faltar, de manera justificada o no, es una pequeña traición. Cada vez que le mentimos a nuestra pareja que no hicimos nada salvo emborracharnos en algún bar cercano, traicionamos un poquito. Cada vez que damos nuestra palabra y la deshonramos sea de la manera más ingenua o más brutal, traicionamos. O como el nombre de la entrada, el amigo fiel del César, que un día traiciona apuñalando a quién fue casi un padre para él. O en el caso clásico de una infidelidad de pareja, algo muy normal en estos tiempos que corren.

Pero la traición es apenas una más de las tremendas conceptualizaciones naturalizadas que tenemos fruto de una pésima educación en cuanto a lo ético y, derivado de éste, a lo moral. Vivimos en una sociedad (al menos en la que vivo la neurosis es evidente) que muestra una dualidad tremenda acerca de la antinomia bondad-maldad, viéndolo así como una antinomia, que si hilamos fino tiene raíces religiosas, lo que le va a picar a más de un loco que se crea "ateo". En cambio, lo que hasta en el Nuevo Testamento se dice, es que el ser humano como ser íntegro le debe tanto a su parte buena como a su peor lado y que viene con ellas a "expiar sus pecados", es decir, a hacerse cargo de lo que hace, sea esto malo o bueno.

Otra entrada seguramente se hará eco de este tema en profundidad... Mientras tanto dejamos una cita capaz conocida, capaz no que seguramente mostrará que tanto tenemos de cierto y que tanto de falso en todo:

"¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu
hermano".
 -Mateo, 6:5

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