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jueves, 18 de septiembre de 2014

Esa Incomensurable Probabilidad

En las matemáticas hay un espectro del cálculo que le pertenece a la probabilidad y a su derivada, la estadística. Básicamente, la probabilidad es el ordenamiento de cosas que pasan y cuántas veces pasan, y a partir de allí, inferir cuando pueden volver a pasar. Pero si nos fijamos bien en principio es "ordenamiento de cosas que pasan". Se da por supuesto entonces que esas cosas efectivamente SUCEDEN. Cuando no pasa nada es cuando la probabilidad pone en juego lo favorable y desfavorable.

Bueno como técnica un poco loca para introducirnos en el tema suena algo pesado pero es así. La entrada de hoy se refiere a esa cosa que me provoca un escozor, un rechazo, un enojo que no puedo esquivar... Esa que se resume en la frase "algún día...".

"Algún día" es cualquier día, pero a la vez ninguno. Cuando invito a tomar algo, cuando pueden visitarme en casa, cuando podemos organizar una salida, cuando podemos echarnos un polvo o, que se yo, charlar sobre las ventas de los comics de las Tortugas Ninjas en la Argentina de los '90, siempre "habrá algún día". Es un embole porque esa frase pone más o menos una distancia sideral entre el suceso y la probabilidad de que suceda. Es mucho más fácil, directo, cómodo, sincero y real decir "cuando se me dé la regalada gana".

Acá no hay ley probabilística que valga, se resume simplemente en la voluntad de ejecutar algo y las probabilidades son 100 de 100. Es la voluntad propia y no el tiempo quien decide cuando vamos a hacer algo. Pero claro digo esto a raíz de un hecho personal que, por primera vez, voy a compartir de manera pública, algo que no le conté ni a amigos íntimos ni siquiera a novias en lo más loco del amor.

En algún momento de la primavera de 2003 con mi abuelo, padre y tío tuvimos que irnos a buscar una de las famosas "piedras campana": rocas que por alguna constitución particular de su mineral emiten sonido al ser golpeadas. El hecho más o menos sintetizado se resume en que viajando en plena Puna jujeña, nos encontramos con un desvío no previsto y cuando nos dimos cuenta que erramos decidimos voltearnos en un claro para retomar la vuelta por el camino (de tierra claro) PUM!! La camioneta termina varada en medio de un pequeño espejo de agua que lucía seco pero tenía el barro fresco, la camioneta no podía salir, eran las 7 de la tarde y ya empezaba a correr ese viento helado. Al quinto intento mi padre termina diciéndole a mi tío que no insista y que tratemos de buscar ayuda. Imagínense la situación de estar varados en un desierto, de noche, en plena nada, teniendo el pueblo más cercano vaya saber donde, para buscar un auto que auxilie a una camioneta, un fin de semana (!!!!) En ese momento los cuatro decidimos que mi tío y yo íbamos a caminar por la senda hasta encontrar algún pueblo cercano y pedir ayuda. Teníamos provisiones para uno o dos días pero después de eso había que ver como carajo hacíamos para racionar todo. No había radios y menos señal para celulares en ese tiempo.
Acá la probabilidad que te empieza a jugar no es si te conviene jugar el partido de fútbol mañana, si le vas a cambiar la goma al auto la semana que viene, o le vas a seguir diciendo no al loco que te está chamuyando hasta que creas que es buen vago. NO!!! Acá la probabilidad que te surge es que tanto puedo hacer para sobrevivir. Lo que sigue es una de las peripecias más inolvidables de mi vida. Sale el Sol cerca de las 7 y empiezo a andar el camino en medio de montañas con un silencio que te rompía el alma, un frío de cagarse, un par de mandarinas y una botella de agua ¿adónde? A buscar auxilio... Donde fuera. Crucé un río que no tenía 3 metros de cauce pero corría con un agua cristalina que te calaba el hueso hasta la médula de lo frío y curiosamente lleno de ¡Sanguijuelas! (Sí, loco! sanguijuelas en la Puna). Eran las 11, y ni idea tenía cuanto había caminado, en ese momento es cuando veo una figura allá lejos, arriba en pleno cerro. Echo a correr mal pese a que a los 4000 mts y, yo viniendo de Salta, me iba a bancar 5 minutos antes de perder los pulmones; y llegando con lo que me quedaba de aliento encuentro a un paisano joven de unos 20 años, con algún problema al hablar, le explico mi situación y me dice que si seguía por ese camino capaz tenía que pasar otra noche hasta llegar al pueblo y me comenta que mejor es andar por los cerros para ahorrar tiempo, se dispone a que lo acompañe hasta el pueblo y que de ahí vea que podía hacer. Al mediodía hacía un calor de matarse e íbamos caminando con este personaje hasta el pueblo hablando cosas que no recuerdo.
Al llegar al pueblo busco al primer tipo que tenga un auto y encuentro un señor que se dispone son sus dos hijos a socorrerme en un Falcon viejo casi destartalado. Cuando pudimos empujarlo y hacerlo andar... Lo demás puede decantarse por otras horas más tratando de sacar un vehículo del barro. El hecho es que sin querer había pasado casi 8 hs de mucha adrenalina, cagazo e incertidumbre. Al otro día estaba en el colegio en clases de Economía y por casi una semana me pregunté "¿Qué carajo hago acá?".

Lo cierto es que una experiencia como esta nos da un único resultado: valorar lo que se pueda hacer hoy porque sino mañana no hay nada que valga. Por eso cuando me dicen "algún día", para mi no es aplazar o postergar algo, sino que significa echar al juego de las probabilidades un imposible ¿Exagerado? Por supuesto, pero al menos hagan el ejercicio de pensar que mañana se mueren. Yo desde ese momento todos los días lo pienso y a veces me sale y a veces no y por eso mi Voluntad me arrastra a terminar cuanto antes todo lo que comienzo.

Psicológicamente tiene sus desventajas también. Charlando con una amiga (te vas a dar cuenta quien sos) le comenté que cualquier cosa que involucre tiempo... Y en especial un cortejo, es completamente nefasto para mi. El hecho de destinar días y días a algo que tengo claro desde el primer minuto que es "te quiero, me gustás, salgamos" se transforme en un tire y afloje donde uno tiene que poner algunas (porque yo me guardo las sorpresas como leyeron acá) de sus dotes para ver si convencemos a nuestra damicela de turno si valgo la pena. Nada más desgastante y espantoso. Ni que hablar de eventos que organizo, o de las salidas con amigos... "No, mañana", "Me jode el perro", "tengo gastritis"... "ALGÚN FUCKIN' DÍA"!!!!

Podemos terminar con el famoso refrán "no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy". Pero no, yo diría "hagan y déjense de joder" o prueben y van a ver que siempre hay algo más de lo que muestran los ojos... en palabras de una canción famosa "Vivir sólo cuesta vida".

3 comentarios:

  1. Creo que esta entrada amerita ser respondía... Algun día! Aaaajajaja

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  2. Leída nuevamente su post, he de decirle que me resulta en extremo enriquecedora, reveladora, y claro envuelta en ese tono vuestro tan particular al momento de decir las cosas.

Personalmente debía dejar que el tiempo acomode un toque las cosas pa poder responder con claridad.

Quiero resaltar la siguiente letra en una de las palabras leídas 

 "novia'S'"

 A lo q dire :

"¡CAAAPO!... ¡VAMO POR MAS VAMOOO!"


Por otro lado, el hecho del cortejo tiene ese sutil encanto que potencia si se quiere el "querer estar con..."... Es algo de alguna manera inexplicable, del mismo modo capaz que es inexplicable el hecho de que parece algo inevitable, anque necesario... Pero bue...

Y, lo mas importante, sin lugar a dudas es el "¡¿Que car...jo hago acá?!"

Pregunta por demas existencial de seguro, y, por que no, fundante del destino para quien logra esclarecer-se la respuesta.

Mientras leía el relato de los sucesos de vuestro viaje a la Puna, me parecía por momentos pisar esos pasos en el derrotero de un lugar, que, por ser como es capaz, proponía tal vez el vacío mas profundo verdaderamente necesario y por ende, revelador : El propio. 

Y hasta aquí llego, pues lo otro esta por verse.

Agradecido muy por su "revelación" compartida.

Abrazo

Mr Titoooo

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  3. Gracias Mister... Espero que lo de merecimientos sea para todas las entradas, porque me rompo el esfínter para escribirlas. No necesariamente la vida tiene que estar rodeada de profundidades y misticismos. Pero bienvenidas sus apreciaciones.

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